EE.UU. se posiciona al frente del escalafón elaborado por la firma TRG Datacenters en cuanto a preparación frente a interrupciones del servicio web, apoyándose en su robusta infraestructura de fibra óptica y centros de intercambio de información.
La investigación evaluó a cerca de un centenar de países considerando aspectos como el volumen de cableado submarino, la presencia de puntos de intercambio de tráfico (IXP), los niveles de protección cibernética, la cobertura del suministro eléctrico y la tasa de penetración digital. Estados Unidos obtuvo la calificación de vulnerabilidad más óptima con un valor de 0, seguido por Indonesia con 10,3 y el Reino Unido con 16,2.
Los servicios en la nube, las herramientas SaaS, los canales de pago digital y las dinámicas de trabajo remoto continúan dependiendo de infraestructura física, nodos de interconexión locales y la red eléctrica. Un corte en el lecho marino, un fallo de conmutación o un incidente en la infraestructura de un proveedor de telecomunicaciones pueden dejar incomunicadas a sedes corporativas, incluso si los sistemas alojados en otras regiones permanecen operativos.
Para establecer estas puntuaciones, TRG Datacenters evaluó las vías físicas alternativas y las capacidades de respaldo. La infraestructura de cableado submarino y los centros IXP se analizan como alternativas de contingencia en caso de que una línea principal falle.
A estas métricas se suman los índices de seguridad informática (GCI) y los niveles de cobertura eléctrica, entendiendo que el cableado y las estaciones pierden utilidad sin suministro energético o defensas digitales. De acuerdo con el criterio del reporte, una menor cifra de vulnerabilidad denota una arquitectura de respaldo nacional más sólida.
La densidad de la infraestructura estadounidense respalda la estabilidad de su red
El liderazgo de Estados Unidos se fundamenta en la escala de sus conexiones. TRG Datacenters identificó 115 líneas de cableado submarino (el mayor volumen registrado en el estudio) y 209 puntos de intercambio de tráfico, encabezando también este indicador. Por su parte, la cobertura de energía eléctrica alcanza a la totalidad de los habitantes, la nota en ciberseguridad se sitúa en 99,9 sobre 100 y el uso activo de internet roza el 94,7%.
Contar con una red amplia de cables amplía las alternativas de desvío de tráfico internacional cuando una vía colapsa. Las compañías proveedoras pueden canalizar la información por estaciones terrestres secundarias donde exista disponibilidad. Sin embargo, los datos consolidados no garantizan la redundancia de origen a fin para cada cliente individual, ya que aspectos como la concentración de estaciones de amarre, la presencia dominante de ciertos operadores y la red de transporte terrestre siguen condicionando el desempeño real.
Los centros de intercambio añaden una barrera de soporte adicional: facilitan el tráfico local entre redes sin necesidad de recurrir a rutas internacionales distantes. Contar con 209 puntos distribuidos refleja un ecosistema amplio de nodos comerciales y regionales. Pese a ello, esta infraestructura general deja en manos de cada organización la tarea de diseñar sus propias conexiones de última milla, proveedores de nombres de dominio (DNS), arquitecturas de validación de identidad y topología de sistemas.
Indonesia y el Reino Unido muestran enfoques alternativos de contingencia
Indonesia ocupa el segundo puesto con una calificación de vulnerabilidad de 10,3. La nación asiática suma 72 conexiones submarinas y 77 centros IXP. Su desempeño en ciberseguridad alcanza los 100 puntos, la electrificación abarca al 99,4% de la población y el uso de la red se ubica en el 72,8%.
Sorprende que su volumen de puntos de intercambio supere de forma holgada los 27 registrados por Japón, a pesar de que este último dispone de 50 cables. La geografía insular indonesia obliga a canalizar las comunicaciones a través de vías marítimas y archipiélagos, haciendo que las rutas alternativas, tanto internas como internacionales, resulten fundamentales a nivel operativo. El intercambio de datos a nivel local permite preservar la conectividad interna cuando una ruta oceánica sufre degradaciones o averías.
El Reino Unido se ubica en el tercer peldaño con un índice de 16,2. TRG Datacenters contabiliza 65 cables submarinos y 30 puntos de interconexión. Tanto la cobertura eléctrica como los estándares de seguridad digital obtienen la máxima valoración. Con una tasa de uso de internet del 95,5 %, la investigación posiciona al territorio británico como la nación europea mejor preparada para responder a contingencias de red en el continente.
A pesar de estas cifras, los departamentos de TI y compras deben distinguir entre la preparación de un país y las garantías específicas de sus contratos de conectividad. Dos enlaces contratados con operadores distintos pueden coincidir en el mismo trazado urbano, compartir la acometida de un edificio, depender de la misma estación de amarre o utilizar el mismo proveedor mayorista. Sin una verificación cartográfica que demuestre la separación real de los dominios de fallo, la diversidad contractual no asegura una redundancia física.
El desempeño de Japón, Brasil y el resto del top diez
Japón se posiciona en el cuarto lugar con un registro de vulnerabilidad de 19,9, apoyado en 50 cables marítimos, 27 nodos IXP y un índice de ciberseguridad de 97,6. El acceso al fluido eléctrico es total y el uso de internet se sitúa en el 85,5 %.
Brasil alcanza la quinta casilla con un valor de 21,1. La nación sudamericana cuenta con 26 cables submarinos (la cifra más alta de la región según el informe) y 53 puntos de intercambio, duplicando el registro del Reino Unido. Su evaluación en seguridad digital es de 96,5 y la cobertura eléctrica alcanza el 99,8 %. Le sigue Australia en la sexta posición con 21,5 puntos, respaldada por 34 cables y 36 nodos de interconexión.
Francia e Italia comparten una valoración de 22,1. El territorio francés contabiliza 34 cables y 26 centros IXP, mientras que el italiano registra 37 cables y 22 nodos. Italia obtiene un puntaje perfecto de 100 en ciberseguridad, en tanto que Francia alcanza los 99 puntos.
India ocupa la novena plaza con un índice de 23,4, respaldada por 22 cables, 40 puntos de intercambio, un 99,5 % de cobertura eléctrica y una nota de 98,5 en seguridad digital. Suecia cierra el grupo de los diez primeros con 24,3 puntos, 28 cables, 22 nodos IXP y un resultado de 99,3 en ciberseguridad.
El análisis evidencia que la combinación entre el número de cables, la densidad de puntos IXP, la electrificación y las defensas digitales determina el nivel de respuesta global. Una presencia notable de nodos de intercambio local puede compensar una menor cantidad de cables oceánicos para el tráfico doméstico. Sin embargo, la cobertura eléctrica general no garantiza contratos de suministro de combustible para generadores en centros de datos ni acometidas eléctricas redundantes en instalaciones concretas. De igual modo, las tasas de adopción de internet reflejan el alcance en la población, no la resiliencia operativa del sector privado.
Los daños en el cableado oceánico persisten como causa recurrente de fallas
Desde TRG Datacenters recuerdan el incidente registrado cerca de Arabia Saudita en septiembre de 2025, el cual provocó lentitud en la conectividad de India, Pakistán y los Emiratos Árabes Unidos durante varios días. Gran parte de estas averías responden a imprevistos, como el arrastre de anclas de embarcaciones sobre el tendido marino. Cuando un país cuenta con pocas vías de enlace, un solo percance puede desencadenar semanas de servicio degradado mientras los buques especializados localizan, empalman y verifican la línea.
Eric Winegar, socio directivo de TRG Datacenters, reflexiona sobre este punto: “La mayoría de la gente no repara en la infraestructura que sostiene la red hasta que el servicio falla. La inmensa mayoría del tráfico internacional circula por cables depositados en el lecho marino, no por vía satelital».
El incidente de septiembre de 2025 en Oriente Medio ilustra cómo los enganches accidentales de anclas en zonas inadecuadas causan estragos en la velocidad de la red. Para naciones con pocas alternativas de ruta, la resolución de estos problemas no es inmediata y requiere semanas de trabajo técnico en alta mar.
La duración de los trabajos de reparación está condicionada por la disponibilidad de barcos taller, el estado del mar, la profundidad del tendido y la obtención de permisos gubernamentales. Aunque el desvío de tráfico permite mantener operativas las plataformas, suele generar incrementos en la latencia y congestión en las líneas que permanecen activas. Aquellas organizaciones que solo realizan simulacros ante apagones totales suelen ignorar las consecuencias de estos escenarios de degradación parcial.
Por ello, las empresas deben emplear estos rankings como un insumo adicional para sus evaluaciones de riesgo geográfico, pliegos de contratación e ingeniería de redundancia, evitando considerarlos un sustituto del diseño técnico. Las operaciones multinacionales requieren una cartografía de dependencias que vincule cada proceso crítico con sus respectivos enlaces físicos, operadores, nodos cloud, servicios DNS, redes de distribución de contenido (CDN), sistemas de identidad, pasarelas VPN y soluciones SaaS.
De igual forma, las pruebas de continuidad de negocio deben simular escenarios de degradación y latencia, no solo de desconexión total. Una aplicación que permanece encendida pero que no responde adecuadamente ante el retardo o la pérdida de paquetes continúa generando impacto económico y operativo. Contar con canales alternativos previamente validados resulta vital para garantizar el funcionamiento de las tareas prioritarias.
En definitiva, las organizaciones que analizan en detalle sus rutas físicas, evalúan sus dependencias verdaderas y evitan falsas redundancias estarán mejor preparadas cuando la infraestructura física sufra un contratiempo.

